Originario de Torreón, Coahuila, Mariano Aparicio se considera un hombre bastante complicado y obsesionado con su trabajo, siendo él su peor crítico: “Disfruto empezar proyectos nuevos, me gusta terminarlos, de hecho hasta hoy no creo haber dejado alguno inconcluso, me deprime dejar proyectos sin terminar”.
Platícame de tus proyectos, ¿en qué consisten?, ¿con quién trabajas?
Trabajo solo, aunque siempre está a mi lado Pilar, mi esposa, quien me administra y me tolera. Como en el proyecto ¡Oye vale! que fue de retratos, donde hacer el planeamiento es fácil, mientras el proyecto es lo difícil y ya que lo terminas y expones, resulta satisfactorio.
Entonces ¿estás haciendo retratos?
Ya acabé, la primera etapa ya la terminé, ya está expuesta y publicada, fue de 12 mil retratos, de los cuales solo expuse 10 mil 64. De hecho, está itinerando por el Estado de Colima, mientras una parte se va a Durango en octubre. Además empiezo una etapa nueva de otro proyecto más ambicioso.
Me llamó la atención el proyecto “En la línea”, ¿por qué un teléfono?
Ese es un proyecto que inicié en 2002 y que finalmente se me escapó de las manos. La intención era fotografiar a mis amigos artistas, por gusto; tomar un adminículo como el teléfono que fuera un personaje y nada más. Pero el proyecto empezó a crecer y después me vi fotografiando a diferente tipo de personalidades. La lista rebasó los 100 retratos.
¿Qué sigue? ¿Qué proyectos tienes en mente?
Estoy retomando uno que dejé varado y es del género de desnudo. Son alrededor de 60 piezas. Por otra parte, hago retratos para un libro por el quinto aniversario de la Vía RecreActiva, muy similar a lo que hice en Colima pero en otra versión. Estoy muy encariñado con lo que hago.
¿A quién te gusta fotografiar?
Parafrasearé a Arnold Newman, padre del retrato ambientalista: “retrato a la gente que quiero, a la que admiro y a la que me odia”. De hecho para mí el retrato no era un género que me atrajera, lo descubrí precisamente haciendo el proyecto del teléfono, “En la línea”, ahí lo adopté.
Me invitaron como editor de fotografía a Día Siete en México y ahí tenía que hacer mucho retrato y fue una escuela, contrataba retratistas de los que aprendí mucho, pero siempre le imprimía yo mi sello y fue así como llegué al retrato, pero el género que siempre me ha gustado y he manejado es el desnudo.
¿Qué te inspira el desnudo?
Es que el desnudo lo es todo: retrato, paisaje, abstracto, todo. Es un género muy difícil de manejar, es una delgada fibra para caminarla, porque se trata de que tu trabajo además de que muestre algo, permanezca.
“Bonito” no es calificativo que se pueda dar a la fotografía. La fotografía es comunicativa, su intención es contar una historia en un cuadro, no importa como.
Soy un autocrítico con mi fotografía, pero aún así nunca me deshago de un negativo, conservo todas mis imágenes; con el tiempo vas formando una antología. La fotografía es temporal, si la cambias de época toma otro discurso, otro camino.
¿Qué fotografía te ha regalado el mejor momento?
En 2002 hicimos un proyecto para un taller con el Instituto Alemán, lo impartió Kasten Thielker, Premio Pulitzer de fotografía 1995. Él seleccionó a 10 fotógrafos tapatíos, y cada uno hizo una propuesta para lograr un archivo visual de la ciudad. Mi proyecto, La Mirada Estática, planteaba que los únicos testigos de los cambios de una ciudad son las estatuas, pues ellas están mirando el mismo horizonte. Hacía en una primera fotografía los ojos de la estatua y después una panorámica desde su perspectiva. Te llevas sorpresas, fue muy triste descubrir que una estatua estaba condenada a ver siempre hacia un muro. Sólo eso veía.
Cuando sales a la calle ¿buscas fotografías o te las encuentras?
He tratado de llevar mi carrera por etapas. Más o menos trato de definir cuando una etapa debe iniciar y cuando debe terminar, y te lo digo abiertamente, yo inicié como periodista, como fotógrafo de prensa, pero me duró poco porque no tengo las cualidades para hacer ese trabajo. No soy un fotógrafo que lleve la cámara colgada a todas partes. Si hay algo que me interese trato de documentarlo y si hay oportunidad de hacerlo, lo hago.
Hay algo que no me gusta fotografiar y es la miseria, porque no merece ser exhibida. A la miseria hay que combatirla.
¿Se hace o se nace con el talento de un fotógrafo?
Todas las personas tienen potencial para determinadas cosas, el secreto radica en que descubras en qué puedes encausar tu talento. Hay quien dice que los fotógrafos son pintores frustrados y esa frase me gusta.
¿Hay algo que te gustaría hacer y no has hecho?
Hay una lista enorme de cosas que me gustaría hacer y no he hecho, a veces por desidia y otras por falta de tiempo. Definitivamente me gustaría escribir una novela.